Yo Soy la Locura. Crítica en Diverdi

Yo Soy la Locura. Crítica en Diverdi

Hará cosa de un par de años, la soprano Raquel Andueza y el tiorbista Jesús Fernández Baena grabaron, casi por casualidad, un disco con música del Seicento para NBMusika. Fue tal el éxito alcanzando que Andueza y Fernández Baena empezaron desde aquel mismo instante a considerar la posibilidad de crear su propio sello discográfico, Anima e Corpo. Y he aquí el primer fruto de ese esfuerzo, nada despreciable ni en lo artístico ni en lo económico. Se intitula Yo soy la locura y está consagrado al XVII español, lo que no deja de ser una apuesta arriesgada, dada la endémica desatención que sufre este repertorio. Se trata de una serie de aires, algunos de ellos nunca antes grabados, que demuestran la imbricación entre lo popular y lo culto en la música de ese periodo. Aires anónimos y aires debidos a José Marín o a Juan Hidalgo, pero también a autores extranjeros como Jean-Baptiste Lully, Henry du Bailly o Benedetto Sanseverino, para constatar que aquella música, tan relegada hoy, no sólo fue apreciada entonces por el público nacional, sino que ejerció una notable influencia allende nuestras fronteras (Yo soy la locura, el aire que abre el programa, fue compuesto por Du Bailly, surintentant de la musique de la chambre de Enrique IV, respondiendo a la moda española imperante en la corte francesa; por idéntico motivo, Lully incluyó Sé que me muero en su aclamadísima comedia-ballet Le bourgeois gentilhomme).

Son exactamente trece aires (o, si lo prefieren, tonos, pues así eran popularmente conocidos), que se complementan con dos piezas instrumentales: unas Folías de Gaspar Sanz y unas Españoletas de Lucas Ruiz de Ribayaz. La locura como hilo conductor del disco, pues nadie, ni simples mortales, ni héroes, ni dioses, han sido capaces nunca de escapar a ella. La locura como consecuencia en los más de los casos del peor de los males que puede padecer el alma: el desamor. Para reflejar tales sentimientos se requieren altas dosis de pasión, de expresividad y de elocuencia, y es ése un terreno en el que Andueza se mueve como muy pocos cantantes son capaces de hacerlo. La soprano navarra tiene la infrecuente y maravillosa cualidad de tocar con su voz nuestra fibra más sensible, sin limitarse únicamente a que la partitura sea un mero pretexto para desplegar su primoroso arsenal canoro. Con Fernández Baena forma dúo estable desde hace tiempo, lo que se plasma en una compenetración total y absoluta. Les acompaña aquí, a la guitarra barroca, Pierre Pitzl (él y Fernández Baena constituyen la recién creada La Galanía), quien curiosamente ha adquirido una mayor notoriedad como violagambista y como director del grupo Private Musicke, con el que Andueza grabara hace no mucho para el sello Accent un precioso recital dedicado a los grandes vihuelistas del renacimiento español. Tal vez Du Bailly no sea Monteverdi; seguramente estos tonos humanos de nuestro siglo XVII sean mucho más prosaicos que las incomparables gemas del XVII italiano, pero… ¡qué más da! Lo importante de la música es que nos conmueva y ese objetivo lo logra aquí Andueza con creces.

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